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Tu pensión en un sistema económico que lo conecta todo

Mauricio G. Arredondo Fernández Cano / Director general, CEI marredondo@examencei.com.mx

Cuando pensamos en nuestra pensión, solemos imaginar algo muy personal: cuánto ahorramos, en qué trabajamos y cuántos años cotizamos. Esto no es incorrecto. Durante mucho tiempo hemos entendido el retiro como el resultado de decisiones individuales y trayectorias laborales; sin embargo, esta es solo una parte de la historia.

La pensión que una persona recibe no depende solo de su esfuerzo, de su empleo o de las reglas del sistema. Depende también del entorno económico en el que vive, de qué tan rápido crece la economía, de la estabilidad de los precios, de las tasas de interés y de las finanzas públicas. En otras palabras, depende de un sistema donde todo está conectado.

Entender las pensiones desde esta perspectiva implica cambiar de escala y significa reconocer que el retiro digno no es el resultado de una sola decisión, sino la consecuencia de la interacción de múltiples factores que operan al mismo tiempo, es decir, de un sistema económico que lo conecta todo.

La macroeconomía suele percibirse como algo lejano. Conceptos como el producto interno bruto (PIB), la inflación o las tasas de interés parecen técnicos e incluso ajenos a la vida cotidiana. Sin embargo, estas variables definen, en gran medida, si una pensión será suficiente o no. Hablar de macroeconomía es abordar las condiciones que hacen posible o limitan el bienestar en la vejez. Cuando una economía crece, se generan empleos, aumentan los salarios y se fortalecen las contribuciones al sistema de pensiones. En cambio, cuando la economía se estanca o enfrenta una crisis, se debilita la formalidad laboral, disminuyen los ingresos y se reduce la capacidad de ahorro previsional. Por ello, un sistema de pensiones sólido requiere una economía dinámica.

El PIB permite entender la capacidad de generar valor. Más allá de ser un indicador técnico, refleja el potencial de una economía para sostener su gasto social. Cuando el gasto en pensiones crece más rápido que el PIB, surgen presiones fiscales que obligan a tomar decisiones complejas: mayor endeudamiento, incremento de impuestos o recortes en programas sociales. Estas decisiones tienen implicaciones económicas, políticas y sociales para distintas generaciones.

La inflación impacta de manera directa la vida de los pensionados. No es solo un dato económico. Representa el aumento en el precio de los alimentos, de los medicamentos y de los servicios. Es la diferencia entre mantener o perder el poder adquisitivo. Una pensión que no está protegida frente al aumento de precios se deteriora con el tiempo, lo cual afecta la calidad de vida en la vejez. Por ello, la estabilidad de precios es una condición de bienestar.

Las tasas de interés también desempeñan un papel relevante, sobre todo en sistemas de capitalización individual. Cuando las tasas son altas, los rendimientos de los fondos de pensiones tienden a ser mayores; cuando son bajas, el crecimiento del ahorro acumulado se vuelve más lento. Por ello, las decisiones de política monetaria que parecen distantes terminan influyendo en el monto de las pensiones futuras.

La relación no es unidireccional. Los sistemas de pensiones también influyen en la economía. Los fondos de pensiones son una fuente importante de ahorro de largo plazo que puede financiar la inversión, la infraestructura y el desarrollo del mercado de capitales. El ahorro previsional no solo asegura el futuro individual, sino también puede ser un motor de crecimiento económico.

El vínculo entre la macroeconomía y las pensiones implica desafíos. Un sistema mal diseñado puede generar presiones fiscales insostenibles o distorsionar los incentivos económicos. Por ello, las reformas en materia de pensiones no deben pensarse de forma aislada, sino deben formar parte de una estrategia económica integral. La conclusión es clara: las pensiones no deben entenderse desde una sola dimensión, pues son el resultado tanto de decisiones individuales como de estructuras económicas, mercados laborales, políticas públicas y cambios demográficos que interactúan sin parar. Pensar en las pensiones es abordar el tipo de economía que construimos y las prioridades que definimos como sociedad.

El desafío es, además de lograr la sostenibilidad financiera, garantizar la legitimidad social. Una pensión puede ser viable en números y, aun así, resultar insuficiente si no permite vivir con dignidad.

Hablar de pensiones es pensar en el futuro y en el presente, pues las decisiones que tomamos hoy tendrán consecuencias mañana. Debemos considerar la responsabilidad individual y la colectiva, porque el sistema de pensiones es algo que no solo se hereda, sino también se construye cada día. En esta construcción, la economía es, más que el contexto, el sistema que lo conecta todo.

* Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad del autor y no necesariamente representan la posición institucional del Centro de Evaluación para Intermediarios, S. C., y del Colegio Nacional de Actuarios, A. C.

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