Por seguridad, la FIFA no dice el nombre de la aseguradora que cubre su trofeo. Sin embargo, Lloyd’s of London —que cuenta con una división, llamada Fine Art & Specie, para asegurar oro, diamantes, arte y galardones únicos— ha cubierto históricamente la Copa Jules Rimet y la actual.
Juan Carlos Eugenio Tavera Carrillo / Subdirector de Reaseguro, Seguros B!+ juan.tavera@segurosvepormas.com
Existe un consorcio de reaseguradoras que conforman las tomadoras del riesgo de la Copa: Lloyd’s, Munich Re, Swiss Re y Allianz, entre otras.
El monto asegurado es de aproximadamente 300 mil dólares, pero por el valor histórico del trofeo la póliza asciende a al menos 20 millones de dólares. La póliza de clavo a clavo cubre desde que la Copa sale de la bóveda en Zurich hasta que regresa. Entre las coberturas se encuentran robo, daño, terrorismo y terremoto. En las condiciones de la póliza se define que el presidente de la FIFA, los jefes de Estado y los campeones del mundo son los únicos que pueden tocar el trofeo, el cual es transportado en un maletín antibalas de Louis Vuitton, escoltado por guardias armados y equipado con un GPS. La prima anual es pagada por la FIFA y ronda las seis cifras. El robo de la Copa del Mundo en 1966
La Copa Jules Rimet era el trofeo original del Mundial desde 1930. Medía 35 cm, pesaba 3.8 kg, era de plata bañada en oro y tenía una figura de Niké, la diosa griega de la victoria. Cada cuatro años viajaba al país organizador. En enero de 1966 llegó a Londres desde Brasil.
Para promocionar el Mundial, la FIFA puso la Copa en exhibición en el Central Hall Westminster, dentro de una vitrina de vidrio. La seguridad era mínima: no había cámaras ni alarmas. Solo estaba un guardia para resguardarla.
El domingo 20 de marzo de 1966, el guardia fue a tomar un café. Cuando regresó, la vitrina se encontraba forzada y el trofeo había desaparecido. Se armó un escándalo nacional. Scotland Yard desplegó decenas de detectives. Los periódicos ingleses fueron destrozados por la prensa mundial. Escocia bromeó diciendo que la Copa estaba “bajo la cama de algún fanático en Edimburgo”.
Días después apareció un tal Mr. Jackson pidiendo 15 mil libras de rescate. La policía organizó una entrega falsa y lo arrestó, pero no tenía la Copa, pues era solo un oportunista.
El 27 de marzo, siete días después del robo, David Corbett paseaba a su perro Pickles por el sur de Londres. El can olfateó un paquete envuelto en periódico, tirado junto a la llanta de un coche en el jardín de una casa. Corbett lo abrió y encontró la Copa Jules Rimet, así que la llevó a la policía. El trofeo estaba intacto. Pickles se volvió un héroe nacional, recibió comida gratis por un año, fue invitado a la inauguración del Mundial y filmó una película.
El ladrón real fue capturado después y condenado a dos años de cárcel. Inglaterra ganó ese Mundial en Wembley. Bobby Moore levantó la Copa que casi se perdía.
Tras el robo, la FIFA contrató a Lloyd’s como reasegurador especializado e hizo una réplica secreta del trofeo.
El robo de la Copa Jules Rimet en Brasil
Brasil ganó los Mundiales de 1958, 1962 y 1970. La regla de la FIFA decía que quien ganara tres veces el Mundial se quedaría con el trofeo definitivamente, así que este pasó a ser propiedad de Brasil. Desde 1970 estuvo expuesto en una vitrina colocada en la sede de la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF), en Río de Janeiro.
Aunque el frente de la vitrina era de vidrio antibalas, la parte de atrás era de madera y estaba pegada con cinta a la pared. Por segunda ocasión solo había un guardia para un trofeo de 3.8 kg bañado en oro. El robo se desarrolló en la noche del 19 de diciembre de 1983 y fue planeado por Sergio Pereyra Alves, gerente de banco que visitó la CBF y vio cuán fácil era robar la Copa.
Sergio se juntó con Juan Carlos Hernández, un joyero argentino que
reducía oro robado. Los dos con- trataron a José Luiz Vieira “Bigode” y Francisco José Rocha “Barbudo”. Esa noche Bigode y Barbudo se escondieron en el baño de la CBF y, cuando esta cerró, salieron, sometieron al sereno, desarmaron la vitrina por atrás en veinte minutos, tomaron la Copa y se fueron.
Según la policía, esa misma noche llevaron el trofeo a la joyería de Hernández, donde este lo cortó en pedazos y lo fundió para vender el oro en lingotes. Los cómplices obtuvieron 15 mil 500 dólares por todo. Aunque atraparon y condenaron a todos, la Jules Rimet que levantaron Pelé, Garrincha y Vavá ya no apareció.
Algunos dicen que se vendió en el mercado negro de arte, pero la versión oficial es que fue destruida. La FIFA dio a Brasil una réplica. Hoy solo queda la base de lapislázuli en el Museo de la FIFA en Zurich. Lloyd’s tuvo que pagar. Desde entonces subió la prima y aumentaron las medidas de protección.
El trofeo actual
Hoy la Copa Mundial cuenta con más seguridad que el oro de Fort Knox. Desde 1974 se usa el diseño del italiano Silvio Gazzaniga: dos figuras sosteniendo la Tierra. El trofeo original se ve en el partido final, pero después de este vuelve a la FIFA, a Zurich, a través de una ruta que nunca se anuncia. La selección campeona se lleva una réplica bañada en oro.
