El futuro es incierto. Por más que intentemos anticiparlo, nadie sabe con certeza cuándo llegará el momento de partir. El hombre propone y Dios dispone. Somos apenas un instante en la inmensidad del tiempo, y quizá por ello cada encuentro, cada conversación y cada proyecto compartido adquieren un valor especial.
El abogado, mediador y ajustador Alberto Islas Hernández, socio de AYA Soporte, comenzó a escribir para Revista Siniestro en mayo de 2025. Cuando lo invitamos a colaborar con nosotros, jamás imaginamos que estábamos pidiéndole unas horas de sus últimos meses en este mundo. Su partida, ocurrida apenas un año después de la publicación de su primera colaboración, ha dejado consternados a colegas, amistades, conocidos, lectores y clientes que encontraron en él a un profesional generoso y comprometido. No hay forma de saber cuál será la última oportunidad de ver, escuchar, leer, saludar o abrazar a una persona. Vivimos como si el tiempo estuviera garantizado, pero la realidad nos recuerda una y otra vez que no es así. La ausencia de Alberto nos confronta con esa verdad y nos invita a valorar más profundamente a quienes forman parte de nuestra vida.

A lo largo de sus colaboraciones, Alberto compartió sus conocimientos con diligencia, claridad y pasión. En las páginas de esta revista abordó temas de gran relevancia para el sector, entre ellos la prescripción de reclamaciones por daños a terceros fallecidos, la perspectiva de género en la atención y resolución de reclamaciones, la interpretación del contrato de reaseguro, la responsabilidad civil y la indemnización por daño físico o muerte. Cada artículo reflejaba su interés por aportar herramientas útiles para la comprensión y el análisis de los desafíos jurídicos que enfrenta nuestra actividad.
Su partida deja preguntas inevitables. ¿Cuántos temas quedaron en el tintero? ¿Cuántas conversaciones enriquecedoras ya no tendrán lugar? ¿Cuántas reflexiones más habría compartido con sus colegas y lectores? Nunca lo sabremos. Lo que sí sabemos es que su trabajo, sus ideas y el recuerdo de su trato permanecerán entre quienes tuvieron la oportunidad de conocerlo y aprender de él.
La muerte de un amigo o colaborador nos recuerda algo esencial: el tiempo es un recurso limitado. El trabajo, los proyectos y las metas son importantes, pero también lo son la salud, el descanso, la familia y los momentos compartidos con las personas que apreciamos. Conviene no olvidar esta lección mientras seguimos adelante con nuestras responsabilidades cotidianas. Hoy despedimos a Alberto con gratitud. Agradecemos su confianza, su disposición para compartir conocimientos y el legado profesional que dejó en estas páginas.
Que descanse en paz.
