Hay decisiones que cambian nuestra vida de manera inmediata y otras cuyo verdadero i pacto solo entendemos con el paso de los años.
Mauricio G. Arredondo Fernández Cano
Director general, CEI marredondo@examencei.com.mx
Curiosamente, estas últimas son las que con mayor frecuencia dejamos para después. Todos hemos postergado alguna vez una visita al médico, el ejercicio o el aprendizaje de algo nuevo. Pensamos que unas semanas más no harán una diferencia. El problema surge cuando trasladamos esta actitud a nuestras decisiones financieras.
Con frecuencia escuchamos expresiones como “El próximo año con- trataré un seguro”, “Cuando mejore mi situación económica empezaré a ahorrar para el retiro” o “Luego revisaré mi pensión”. Quienes pronuncian estas frases no suelen desconocer la importancia de protegerse —saben que es una decisión conveniente—, pero confían en que existirá un mejor momento para hacerlo.
Quizá ahí reside una de las mayores» «contradicciones de nuestra relación con el dinero. No siempre dejamos las decisiones porque sean difíciles. Muchas veces las aplazamos porque el futuro parece abarcar demasiado tiempo. No obstante, el tiempo tiene una característica que rara vez consideramos: avanza sin esperar nuestras decisiones.
Cada año que retrasamos el ahorro para el retiro representa menos tiempo para construir un patrimonio. Cada día que permanecemos sin una protección adecuada nos mantiene expuestos a riesgos que pueden presentarse en cualquier momento. Cada decisión importante que dejamos pendiente limita las opciones disponibles cuando finalmente decidimos actuar.
Lo más paradójico es que, mientras nada sucede, sentimos que hemos hecho lo correcto. Si durante varios años no ocurre un accidente o una enfermedad, llegamos a pensar que la protección podía y puede seguir esperando. Confundimos la tranquilidad con la ausencia de riesgo, cuando en realidad solo hemos tenido la fortuna de que ese
riesgo aún no se materialice.
Esta realidad también invita a reflexionar sobre el papel de quienes participamos en el sector asegurador. Nuestra responsabilidad va mucho más allá de explicar coberturas, rendimientos o disposiciones legales, pues implica ayudar a las personas a comprender que algunas decisiones tienen un momento oportuno y que resulta mucho más difícil recuperar el tiempo que el dinero.
Después de todo, la protección financiera no comienza cuando ocurre un siniestro ni cuando se acerca el retiro. Empieza mucho antes, en el instante en que decidimos actuar a favor de nuestro futuro.
Al final, la procrastinación financiera no siempre cuesta dinero de inmediato, pero es evidente que consume tiempo, el único patrimonio que gastamos todos los días y del que nunca podremos recuperar ni un solo instante.
**Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad del autor y no necesariamente representan la posición institucional del Centro de Evaluación para Intermediarios, S. C., y del Colegio Nacional de Actuarios, A. C.
