Lic. Mario Jesús Carrillo López/ Director general, Oficina de Vinculación de Garantías / mjcl@ovgarantias.com
Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento”, se lee en Os. 4:6a. ¡Qué declaración tan fuerte! Sin embargo, esta frase menciona un aspecto que hoy todavía vulnera de forma significativa a cualquier persona, empresa, institución, industria, gobierno y país, repercutiendo de manera negativa en su desarrollo y crecimiento a tal grado que puede destruir lo que podría haber sido un hito: la falta de conocimiento.
El sector afianzador mexicano no es ajeno a los efectos negativos derivados de la falta de preparación y conocimiento, ya que de alguna u otra forma los ha sufrido y ha luchado por enmendarlos. Por ello, demanda que quienes directa o indirectamente participan en su ejercicio posean los conocimientos indispensables sobre su esencia, naturaleza, ejercicio y operación. Esta exigencia aplica no solo al intermediario, agente o asesor que está en contacto con los obligados y acreedores en el ámbito contractual o legal, sino también al personal del usuario de este servicio financiero y a los funcionarios de las instituciones.

La palabra capacitación viene del latín capacitāre, que indica la acción de preparar a alguien para un puesto o actividad. Sus raíces incluyen el verbo capere (coger o contener), el adjetivo capax (capaz de asumir cosas) y los sufijos -tas (cualidad) y -ción (acción y efecto). Ante esta etimología, cabe cuestionarnos: ¿hasta dónde somos capaces?, ¿hasta dónde podemos asumir?, ¿contamos con las cualidades necesarias? Estas preguntas deberían hacer eco en el crecimiento de nuestro sector, principalmente en el sentido cualitativo.
Reflexiones como esta se han dado en el Seminario de Fianzas 2026, un esfuerzo realizado por Revista Siniestro, Consultoría de Capacitación y Aprendizaje Seguro y la Oficina de Vinculación de Garantías, cuyo firme propósito es aportar a la preparación y fortalecimiento de este gran sector.»
En su mensaje, el maestro Ochoa destacó la importancia de la fianza como instrumento de garantía, el crecimiento de esta en los últimos ejercicios y lo promisorio que se vislumbra en relación con los planes de desarrollo anunciados por la presidenta de nuestro país, lo que requiere la preparación de todos y muestra la trascendencia de la capacitación como un pilar fundamental para el buen desarrollo de los sectores de seguros y fianzas.
Recordemos la reciente celebración de los 130 años de la fianza de empresa en México y veamos hacia adelante, donde se descubre un nuevo horizonte al que nos corresponde dirigirnos. ¿Estamos realmente listos para asumir la responsabilidad de construir el camino? No lo sé, pero que no se diga que en nuestra generación la fianza fue destruida por la falta de conocimiento, sino que la fortalecimos con el trabajo de nuestras manos.»
