Adrián Palacios Ramírez / Reportero, Revista Siniestro
En una conversación con Rafael Chantres, agente de seguros con 28 años de experiencia, surgió un caso que refleja una situación frecuente entre los asegurados jóvenes de gastos médicos mayores (GMM): cuentan con una cobertura, pero no necesariamente comprenden cómo funciona su participación económica cuando ocurre un siniestro.
Rafael compartió la experiencia de un joven de 25 años que decidió contratar un seguro de GMM. Por su edad, la prima anual era accesible: de alrededor de 17 mil pesos. El joven buscaba protección ante una eventualidad, aunque no imaginaba que utilizaría su póliza poco tiempo después.
De manera recreativa, el asegurado acostumbraba utilizar su bicicleta. En una salida nocturna sufrió una caída que le provocó una fractura de clavícula. A pesar del golpe, pudo trasladarse por su propio pie al hospital. Los médicos determinaron que era necesario esperar a que disminuyera la inflamación antes de realizar la intervención para reacomodar la clavícula. Aunque el joven permaneció hospitalizado una noche, la reducción de la fractura se realizó en menos de 24 horas.
El costo de la atención médica ascendió a 272 mil 906 pesos. Una parte importante de este gasto fue cubierta por la aseguradora. El usuario participó con alrededor de 35 mil pesos por el copago y el 10 % de coaseguro contemplado en su esquema de protección.
Este punto generó inconformidad en el joven. Desde su perspectiva, pagar dicha cantidad por un accidente que requirió menos de 24 horas de hospitalización representaba un gasto considerable que duplicaba los 17 mil pesos de la prima anual.
Rafael explicó que la percepción del asegurado era comprensible, pero mostró la importancia de que cada persona analice desde el inicio qué tipo de protección necesita. En este caso, el joven había elegido una alternativa con una prima menor, pero con una participación económica más alta.
Así pues, una caída en bicicleta permitió al usuario conocer, de primera mano, cómo funciona su seguro. Tras el siniestro, se planteó al joven una alternativa para la renovación: pagar una diferencia aproximada de 3500 pesos anuales por un esquema que eliminaría el copago y el coaseguro para eventos futuros.
Este caso deja una enseñanza importante: no siempre el seguro con la prima más baja es el que mejor se adapta a las necesidades del cliente. La decisión debe considerar no solo cuánto se paga cada año, sino también cuánto tendría que desembolsar la persona cuando ocurra un siniestro.
Para Rafael Chantres, una parte fundamental de la labor del agente consiste en ayudar al cliente a encontrar el equilibrio. El asegurado debe conocer sus opciones, entender los alcances de cada esquema y elegir una cobertura que corresponda tanto a sus posibilidades econímicas como al nivel de protección que desea tener.
