Gabriela Leyva / Reportera, Revista Siniestro
El reaseguro marítimo es una herramienta fundamental para que las aseguradoras asuman riesgos relacionados con embarcaciones, cargas y responsabilidades marítimas sin comprometer su estabilidad financiera. En términos sencillos, permite que una aseguradora transfiera parte del riesgo que asumió a uno o varios reaseguradores, de manera que, ante un siniestro de gran magnitud, la aseguradora haga frente a sus obligaciones con el asegurado y recupere posteriormente de los reaseguradores la proporción que le corresponda.
Sin embargo, englobar los riesgos marítimos como si se tratara de una sola categoría puede llevar a simplificaciones. De acuerdo con Adrián Escoto, CEO de Titan Underwriters Inc., una agencia general de suscripción (MGA) especializada en riesgos marítimos, en este mercado conviven actividades distintas como transporte de carga, embarcaciones y responsabilidades marítimas, cada una con erísticas y necesidades de suscripción propias.
Yates y embarcaciones comerciales: dos riesgos completamente distintos
Dentro de las embarcaciones existen dos grandes grupos: De placer, como yates, lanchas y veleros, y las comerciales, utilizadas para generar ingresos. Aunque ambas forman parte del mercado marítimo, su comportamiento frente al riesgo es diferente.
En cuanto a los yates, uno de los principales desafíos está relacionado con la acumulación de exposiciones catastróficas. Muchos permanecen gran parte del año en una marina y navegan pocos días. Esto significa que su exposición no necesariamente se concentra en la navegación, sino en lo que puede ocurrir mientras permanecen atracados: incendios, colisiones y, especialmente, huracanes.
Las embarcaciones comerciales, presentan una dinámica distinta. Algunas operan prácticamente todo el año, por lo que su principal exposición está estrechamente vinculada a la navegación y la operación. Este segmento incluye distintos tipos de embarcaciones como pesqueros, buques de carga y embarcaciones de servicio o de apoyo a operaciones offshore, entre otras, cada una con riesgos particulares.» «En el mercado también se utilizan denominaciones basadas en el número de embarcaciones: singleton para un solo barco, doubleton para dos embarcaciones y flota para tres o más. Aunque algunos mercados muestran menor apetito por los singleton o doubleton, Adrián plantea una perspectiva diferente: “ni todos los singletons y doubletons son malos ni todas las flotas son buenas”. La calidad de la suscripción y el análisis individual del riesgo pueden ser más relevantes que el número de barcos.
El reto de asegurar una flota envejecida
La edad de las embarcaciones representa un desafío, particularmente en los yates. Escoto explica que una embarcación que permanece largos periodos sin utilizarse sufre deterioro si no cuenta con un programa adecuado de mantenimiento preventivo. Por ello, algunos mercados establecen límites de antigüedad o requieren inspecciones adicionales. El desafío puede acentuarse en embarcaciones comerciales en todos los países de Latinoamérica, donde la flota presenta una mayor antigüedad que en ciertos mercados europeos, en los que la renovación es más frecuente. Esta diferencia influye en el apetito de los reasegurado- res, las condiciones de suscripción, los deducibles y el precio del riesgo.
Reaseguro facultativo: cuando el riesgo sale de la “caja”
Otro elemento importante es la posibilidad de recurrir al reaseguro facultativo cuando un riesgo específico queda fuera de las condiciones automáticas de un contrato o requiere capacidad y condiciones negociadas de manera particular. En este esquema, cada riesgo se analiza y se acepta o rechaza individualmente: barco por barco.
De esta manera, el reaseguro marítimo demuestra que suscribir una embarcación va mucho más allá de conocer su valor: implica entender quién la opera, cómo se mantiene, dónde navega, qué actividad realiza, qué capacidad existe para respaldarla y qué legislaciones y jurisdiciones pueden intervenir cuando ocurre un siniestro.
