Nos gusta sentir que tenemos el control, ya que planeamos, organizamos, prevenimos y tomamos decisiones pensando que, si hacemos las cos bien, podremos evitar muchos de los problemas que aparecen a lo largo de la vida.
Mauricio G. Arredondo Fernández Cano
Director general, CEI marredondo@examencei.com.mx
En buena medida, esto es cierto. Nuestras decisiones importan, pero a veces olvidamos que no todo depende de nosotros. “Manejo con cuidado”, “siempre he sido una persona sana”, “nunca hemos tenido un problema en casa” o “si algo ocurre, ya veremos cómo resolverlo” son frases que quizá todos hemos dicho o escuchado alguna vez.
Detrás de ellas existe una idea muy humana: aquello que hacemos de forma correcta nos protege de aquello que no podemos controlar. No obstante, podemos conducir con precaución, y sufrir un accidente provocado por alguien más; cuidar nuestra salud, y enfrentar una enfermedad inesperada, o administrar de manera responsable nuestro patrimonio, y encontrarnos ante una crisis económica, un fenómeno natural o cualquier acontecimiento capaz de modificar nuestros planes. He aquí una de las grandes contradicciones de nuestra relación con el riesgo: confundimos prevención con control.
Prevenir es indispensable, ya que cuidarnos, ahorrar, planear y tomar decisiones responsables disminuye nuestra exposición a muchos riesgos. El problema aparece cuando creemos que hacerlo es suficiente para evitar cualquier eventualidad. Mientras nada sucede, nuestra propia experiencia parece confirmar esta idea: si durante años no hemos tenido un accidente, una enfermedad grave o una pérdida patrimonial, probablemente la situación seguirá así. Sin embargo, que un riesgo no se haya materializado no significa que haya desaparecido.
En nuestras decisiones financieras sucede algo parecido. Podemos pensar que todavía no necesitamos determinada protección, que tenemos muchos años para comenzar a ahorrar para el retiro o que, si surge algún problema, encontraremos la manera de resolverlo. La realidad es que siempre habrá una parte del futuro que simplemente no podemos anticipar. Por eso, protegernos no significa vivir preocupados por lo que podría suceder, sino reconocer que existen circunstancias que no dependen de nosotros y preparar- nos para enfrentarlas. Esta reflexión es importante para quienes participamos en el sector asegurador y financiero. Nuestro trabajo no debería consistir en generar miedo para convencer a alguien de protegerse, sino en ayudar a las personas a entender mejor sus riesgos y tomar decisiones informadas sobre su futuro.
Un seguro, un ahorro o una estrategia para el retiro no elimina la incertidumbre ni evita los acontecimientos inesperados, pero puede ayudarnos a enfrentarlos en mejores condiciones. Tal vez por eso la protección financiera no debería verse como una respuesta al miedo, sino como una expresión de responsabilidad hacia nosotros mismos y hacia quienes dependen de nosotros. Podemos cuidarnos, prevenir y planear, pero también necesitamos aceptar que no podemos controlar todo lo que sucede a nuestro alrededor. Quizá vivir con mayor tranquilidad no consiste en tener la certeza de que nada ocurrirá, sino en saber que, si algo ocurre, estaremos preparados.
- Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad del autor y no necesariamente representan la posición institucional del Centro de Evaluación para Intermediarios, S. C., y del Colegio Nacional de Actuarios, A. C.
