Presentación titulada “REASEGURO NO CUBRE”: riesgos excluidos, responsabilidad civil internacional, multas y penalizaciones, riesgos emergentes o no identificados, y eventos que no pueden ser nombrados aún.
Especial Reaseguro

¿El reaseguro puede cubrir riesgos que todavía no podemos nombrar?

Lyndsay Garnica
garnica.lyndsay5515@gmail.com

Hay preguntas que se ven muy lejanas… hasta que el futuro decide adelantarse. Por ello, cabe preguntarnos: ¿El reaseguro cubre riesgos que todavía no podemos nombrar?

La respuesta, aunque parezca paradójica, es sí. Pero existe una condición fundamental: tenemos que ser capaces de comprender cómo ese riesgo puede transformarse en una pérdida. Y ahí comienza una historia que el sector asegurador conoce bastante bien.

Durante años, el seguro ha mostrado una habilidad extraordinaria: convertir la incertidumbre en contratos. Analizamos lo que puede ocurrir, estimamos su frecuencia y severidad, determinamos quién asumirá las consecuencias y construimos mecanismos financieros para que una pérdida no afecte por completo a quien la sufre.

Durante mucho tiempo, el mundo pareció suficientemente ordenado para clasificar los riesgos en categorías conocidas: incendio, terremoto, responsabilidad civil, transporte, fraude, daños materiales. Después llegó el riesgo cibernético. Y, poco después, la tecnología comenzó a combinar riesgos que antes analizábamos por separado.

Hoy, una misma herramienta puede facilitar un fraude, interrumpir operaciones, comprometer información, generar responsabilidad frente a terceros y provocar una pérdida financiera. El problema ya no es únicamente que aparezcan riesgos nuevos: también que los riesgos conocidos están empezando a comportarse de maneras que nuestras categorías tradicionales no siempre pueden explicar.

Imaginemos un caso. Un director financiero recibe una videollamada de su CEO. Lo ve, reconoce su voz y escucha una instrucción aparentemente auténtica para realizar una transferencia urgente. La operación se ejecuta.

Después se descubre que el CEO nunca hizo esa llamada, había sido fabricada. La tecnología permitió el engaño, pero el daño fue financiero. Entonces ¿qué tipo de siniestro acabamos de tener?¿fraude? ¿cyber? ¿social engineering? ¿crime? ¿una falla de controles internos?

La respuesta es compleja y precisamente ahí empieza a cambiar la conversación sobre el reaseguro. El riesgo puede existir antes de tener nombre. Un reasegurador no necesariamente conoce hoy el nombre exacto del riesgo que estaremos discutiendo en diez años. Debe comprender su comportamiento.

  • ¿Cómo puede ocurrir la pérdida?
  • ¿Quién puede resultar afectado?
  • ¿Qué factores aumentan su frecuencia o severidad?
  • ¿Qué elementos pueden hacer que múltiples asegurados sufran pérdidas simultáneamente?
  • ¿Dónde puede existir acumulación?

Esta forma de mirar el riesgo no es nueva. Lo que está cambiando es la velocidad con que el riesgo se presenta. La tecnología puede convertir una vulnerabilidad aparentemente pequeña en un evento que atraviese empresas, sectores y fronteras en cuestión de horas. Y existe otra dificultad: algunos de estos riesgos no se presentan de manera aislada.

Pensemos en miles de empresas que utilizan el mismo proveedor de nube, la misma plataforma tecnológica o servicios basados en los mismos modelos de inteligencia artificial. Mientras todo funciona, esa concentración representa eficiencia.

Cuando algo falla, no hace falta atacar individualmente a cada empresa. Basta con afectar un punto común. Aquí aparece una palabra que para el reaseguro tiene una importancia enorme: acumulación. La misma interconexión que volvió nuestro sistema económico más eficiente, puede hacer que una pérdida se extienda más rápido.

Hemos aprendido a manejar acumulaciones provocadas por huracanes, terremotos e inundaciones. Ahora necesitamos aprender a reconocerlas cuando el territorio afectado no aparece en un mapa físico, sino en una arquitectura digital. Finalmente, todo termina en el Ajuste y en Claims, y esta es la parte más interesante. Porque el riesgo puede estudiar e durante años en modelos, escenarios y presentaciones de underwriting, pero llega un momento en que deja de ser una hipótesis.

Tenemos un siniestro. Y entonces hay que reconstruir la historia:

  • ¿Y qué cobertura responde?
  • ¿Qué ocurrió primero?
  • ¿Qué desencadenó la pérdida?
  • ¿Falló la tecnología o alguien la utilizó para cometer un fraude?
  • ¿Existía una vulnerabilidad previa?
  • ¿La pérdida fue consecuencia directa del evento o intervinieron otros factores?
  • ¿Cuánto puede cuantificarse?
  • ¿Y qué cobertura corresponde?

Entonces, la tecnología y seguros dejan de ser conversaciones separadas. Aparecen causalidad, cobertura, prueba, cuantificación y acumulación. Una misma pérdida puede tener características de cyber, fraude, responsabilidad profesional e interrupción de negocio. La frontera entre las coberturas puede volverse mucho menos evidente que la frontera que existe en nuestros clausulados.

Olvidamos que una póliza no se prueba cuando se firma, sino cuando ocurre el siniestro. Los riesgos emergentes representan un desafío particular para el reaseguro. No basta con crear capacidad financiera para algo que creemos que podría ocurrir. Hay que entender qué evidencia tendremos, cómo se demostrará la causalidad y cómo se distribuirá una pérdida cuando el evento atraviese varias líneas de negocio.

El futuro puede llegar como un expediente extraño. Entonces, la pregunta más interesante será si podemos desarrollar la capacidad de reconocerlo cuando aún no se presenta. Los riesgos emergentes rara vez llegan con una etiqueta clara. A veces comienzan como una reclamación extraña. Una pérdida que no encaja, un patrón que parece demasiado pequeño para llamar la atención. Hasta que aparece una segunda reclamación. Y una tercera. Entonces descubrimos que aquello que parecía una anomalía era una señal temprana. El futuro del reaseguro no consistirá en adivinar cuál será el próximo gran riesgo. Más bien consistirá en observar mejor.

  • Identificar dependencias.
  • Comprender acumulaciones.
  • Construir escenarios.

Y aprender de los primeros siniestros cuando todavía no sepamos exactamente cómo clasificarlos. El próximo gran riesgo puede llegar en forma de una transferencia bancaria, una interrupción de operaciones, un algoritmo que tomó una decisión inesperada, una identidad usurpada o un video perfectamente convincente pero falso.

Y alguien tendrá que abrir un expediente y escribir:

Causa próxima del siniestro:

Ese espacio en blanco es más importante de lo que parece. Cuando la pérdida llega antes que su definición, el mercado asegurador debe hacer algo más que inventar una nueva cobertura, tiene que aprender a entender una nueva forma de perder. Y esa es una de las funciones más importantes del reaseguro: crear capacidad para absorber las consecuencias de un riesgo mientras estamos aprendiendo a comprenderlo.

Cuando llega el siniestro, debemos saber exactamente qué se rompió, cómo se rompió y cuánto costará volver a poner el mundo en su sitio.

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