Agente

El seguro está listo; ¿y nosotros?

Elizabeth Ortiz
contacto@linzsurance.com
Directora comercial LinZsurance

Cada octubre hablamos de la importancia de detectar oportunamente el cáncer de mama, de las recomendaciones para prevenirlo, de las estadísticas y de la necesidad de contar con un seguro de gastos médicos. Pero hay algo a lo que dedicamos muy poca atención: ¿qué haríamos si mañana recibiéramos un diagnóstico negativo respecto a este mal?

Imaginemos que una mujer recibe la noticia de que tiene cáncer de mama. Cuenta con una póliza de seguro, pero no conoce su cobertura. Mientras ella intenta asimilar el diagnóstico y comprender las opciones de tratamiento, su familia comienza a buscar documentos, hacer llamadas y tomar decisiones para las que nadie estaba preparado.

Tener un seguro es importante, pero también lo es saber cómo utilizarlo cuando más lo necesitamos. En este caso, una de las primeras decisiones que deberíamos tomar es designar a una persona de confianza que pueda ayudarnos a gestionar el seguro: alguien que conozca nuestra póliza, tenga los datos de contacto del agente y sepa dónde encontrar la documentación necesaria. Su función sería facilitar la comunicación entre nosotros, el hospital y la aseguradora, siempre con nuestro consentimiento.

Como agentes, podemos orientar y acompañar durante los trámites, pero necesitamos contar con un interlocutor cuando el asegurado no está en condiciones de ocuparse personalmente de ellos y que pueda dar seguimiento a las autorizaciones, reunir documentos y mantener informados a quienes corresponda.

Sin embargo, prepararnos para enfrentar una enfermedad implica mucho más que organizar papeles. También requiere tener conversaciones que solemos posponer: ¿a quién queremos involucrar en nuestras decisiones?, ¿qué tipo de ayuda estamos dispuestos a recibir?, ¿quién podría acompañarnos durante el tratamiento?, ¿cómo distribuiremos las responsabilidades familiares?.

Hablar de estas cuestiones cuando estamos sanos nos permite expresar nuestras preferencias para que, si alguna vez necesitamos ayuda, quienes nos rodean tengan una idea más clara de nuestros deseos en lugar de intentar adivinarlos. Pero, incluso cuando los trámites están resueltos y la atención médica está en marcha, hay una parte de la enfermedad que ninguna póliza puede resolver por sí sola: el impacto emocional que un diagnóstico tiene en quien lo recibe y en las personas que lo acompañan. El miedo, la incertidumbre y los cambios en la vida cotidiana pueden afectar profundamente a una persona con cáncer. La familia también puede experimentar angustia, agotamiento y dificultades para afrontar la situación. Por eso, el acompañamiento psicológico debería formar parte de nuestra preparación y no considerarlo únicamente cuando se presenta una crisis.

La filósofa y politóloga Joan Tronto plantea que el cuidado va más allá de preocuparnos por alguien: implica reconocer sus necesidades, asumir responsabilidades y responder a ellas. Esta perspectiva nos invita a pensar que quien cuida también necesita apoyo. Es por esto que distribuir las tareas, pedir ayuda y respetar las decisiones de la persona enferma forman parte de ese cuidado.

La función del seguro es atender las consecuencias económicas del padecimiento conforme a las coberturas contratadas. Puede ayudarnos a acceder a la atención médica y reducir la presión financiera, pero no sustituye las conversaciones familiares, la organización cotidiana ni el acompañamiento emocional.

Quizá este octubre podamos ampliar nuestra idea de sensibilización. Además de promover la detección oportuna del cáncer de mama y hábitos saludables para prevenirlo, podríamos preguntarnos si contamos con un plan para afrontar un diagnóstico, así como quién nos ayudaría, qué decisiones queremos dejar establecidas y dónde buscaríamos apoyo.

Estar preparados también significa que, si algún día necesitamos ayuda, las personas que nos rodean sepan cómo acompañarnos y nosotros podamos expresar cómo deseamos ser cuidados.

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