Ante la necesidad de gestionar los riesgos a los que todos los días se exponen las personas al desplazarse, se busca prevenir y reducir dichos riesgos bajo nuevas reglas de convivencia entre los integrantes de la pirámide de movilidad.
La micromovilidad está abriendo paso a nuevos y diversos medios de transporte, como scooters, bicicletas y cargo bikes, lo que obliga a replantear la forma en que se deben identificar, prevenir, medir y asegurar los riesgos de esta nueva movilidad. Cabe destacar que estos vehículos no se ubican en el tratamiento tradicional del ramo de automóviles (daños, diversos misceláneos, responsabilidad civil, hogar, etcétera), así que el reto para el sector es encontrar esa figura aseguradora acorde con la regulación vigente.
En este tipo de vehículos, al no haber placas, número de serie o un registro equivalente, se dificulta la identificación de la historia de un riesgo (asociado a una persona) y la construcción de su estadística. Por ello, se deben crear mecanismos de identificación y registro de usuarios/medios de micromovilidad para gestionar mejor el riesgo.
Para que esto funcione, es necesario que las calles, ciclovías, cruces, límites de velocidad, señalización, educación vial y reglas de convivencia evolucionen a la par de la incorporación de estos nuevos vehículos. También es importante no solo entender qué tipo de vehículos usan las personas, sino cómo se mueven, qué trayectos realizan y cómo combinan los distintos medios de transporte, porque el riesgo no puede analizarse solo a partir del vehículo: también del usuario, del trayecto, del entorno y de cómo se combina con otros modos de movilidad. Porque el riesgo de ir a la oficina es distinto al de ir a la escuela, a la tienda o a un centro de entretenimiento.
Esta nueva micromovilidad representa un reto y también una oportunidad para el seguro, que debe dar el siguiente paso para construir productos diseñados para las nuevas formas de movilidad, con información que permita conocer quién se mueve, cómo se mueve, por dónde se mueve y qué riesgos enfrenta, así como su verdadera frecuencia y severidad de siniestros. La evolución del seguro debe consistir en aprender a asegurar las nuevas formas de desplazamiento.
La Ley General de Movilidad y Seguridad Vial pone la seguridad de las personas, la gestión del riesgo y el enfoque de sistemas seguros en el centro de la política de movilidad, así que el reto será encontrar la respuesta adecuada en materia de aseguramiento.
Porque no se trata de llevar el seguro obligatorio de automóviles a cualquier medio de micromovilidad. Se debe distinguir entre los distintos tipos de vehículos, velocidades, usos, niveles de exposición y capacidad de generar daños. Porque una bicicleta, un scooter eléctrico de baja velocidad y un vehículo de mayor potencia pueden compartir la etiqueta de micromovilidad, pero no el mismo riesgo. Por ello se debe avanzar hacia una regulación que permita identificar estos medios, así como generar información sobre su uso y siniestralidad, para desarrollar mecanismos de protección proporcionales al riesgo, para que una persona que cause un daño a un tercero tenga la capacidad de responder por él, pero también que el costo de esa protección sea accesible y técnicamente consistente.
En una realidad que ya cambió, la oportunidad no está solo en crear un nuevo producto, sino en entender la nueva economía de la movilidad: personas que combinan automóvil, transporte público, bicicleta, scooter y caminata dependiendo de su destino, horario y necesidad. Esa movilidad integrada genera nuevos riesgos, pero también nuevas posibilidades para prevenirlos y asegurarlos.
El futuro del seguro de movilidad debería medirse por qué tan bueno es el sector asegurador para proteger a las personas en sus trayectos al usar distintos medios de traslado (con sus riesgos asociados ) más que por los tipos de transporte utilizados.
