Ajustes, Daños e Indemnizaciones, Seguros

Interés asegurable e interés asegurado en daños.

La Ley sobre el Contrato de Seguro, en el artículo 85 indica: “Todo interés económico que una persona tenga en que no se produzca un siniestro podrá ser objeto del contrato de seguro contra los daños” -esto se interpreta como interés asegurable, un principio básico del seguro de daños- que señala cuál es el requisito para adquirir un producto de esta naturaleza o cuál es la razón por la que una persona física o moral contrata este.

Dentro de la doctrina del derecho de seguros el interés asegurable ha sido considerado en forma generalizada, como vínculo lícito de carácter económico existente entre el objeto que se asegura y la persona que lo asegura, siendo este el punto que distingue entre el contrato de seguro y el de apuesta.

De acuerdo con Pablo Medina Magallanes, en su libro “Ley sobre el contrato de seguro: comentada”, la licitud del contrato se debe especialmente al cuidado que conlleva dicho interés en mantener inalterado el estado de riesgo, no solamente agravándolo o provocándolo, sino incluso y desde luego, evitándolo. En la misma obra, Medina opina que, aunque gran parte de la doctrina agrega el carácter resarcitorio como otro aspecto propio del interés asegurable, este elemento, contrario a lo que ocurre en los seguros de vida, no forma parte de él.

El interés es asegurable en el momento previo a la celebración del contrato de seguro, se convierte en interés asegurado, cuando se ha formado dicho acuerdo de voluntades, requisito indispensable para la procedencia del pago del seguro.

En otras palabras, el interés asegurable condiciona la aptitud del asegurado para la celebración del contrato de seguro mientras que, el interés asegurado, condiciona la posibilidad de hacer efectivo el cobro del seguro, de manera que se trata de conceptos diferentes. Por tanto, el interés asegurable es la base y punto de partida del contrato de seguro, pues, si el asegurado solicita la protección, se supone que tiene algún interés económico en la no ocurrencia de un riesgo.

En México, recientemente y tras una larga discusión en los tribunales en torno a si era obligación o no del asegurador corroborar la existencia del interés asegurable antes de la celebración del contrato, se resolvió que no, a través de una contradicción de tesis de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, la cual dice:

Seguro de automóvil. La relevancia especial que tiene el principio de buena fe en materia de contratos de seguro permite a la aseguradora considerar como verdadero lo declarado por el contratante, sin que le sea legalmente exigible realizar mayor investigación al respecto. Según se desprende del espíritu de la Ley sobre el Contrato de Seguro y particularmente de lo que disponen sus artículos 7, 8 y 47, en la celebración y eficacia jurídica del contrato de seguro, la buena fe contractual cobra un valor preponderante, lo que se traduce en la obligación que tiene el asegurado de conducirse con veracidad al momento de formular sus declaraciones y en el deber de la aseguradora de elaborar correctamente el cuestionario respectivo, permitiendo que esta considere como verdadero lo declarado por el contratante, sin que sea necesario que realice mayores diligencias para cerciorarse de la veracidad de su dicho, de tal suerte que si al momento de celebrarse el contrato el asegurado declara que es el propietario del automóvil asegurado, la aseguradora puede estimar como cierto ese dicho, sin que le sea legalmente exigible revisar la documentación relativa a la propiedad del vehículo asegurado o realizar mayor investigación al respecto”.

Tesis 1a./J. 31/2000, Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta, Novena Época, t. XII, diciembre de 2000, p. 192.

De acuerdo con esta resolución, el interés asegurable se presume, mientras que el interés asegurado debe demostrarse para que sea procedente el cobro derivado del contrato de seguro.

Cuando existe un menoscabo económico, el contrato de seguro funge netamente como un instrumento resarcitorio, porque no es instrumento de enriquecimiento, pero en el ramo de daños, esta cualidad no es un requisito general como en los seguros de vida, en los cuales, por extraño que parezca, gran parte de la doctrina en derecho en el mundo indica que no requieren interés asegurable.

En el artículo 163 de la Ley sobre el Contrato de Seguro, se indica: “El seguro de personas puede cubrir un interés económico de cualquier especie que resulte de los riesgos del que trata este título o bien da el derecho a prestaciones independientes en absoluto de toda pérdida patrimonial derivada del siniestro”.

Por su parte, el artículo 174 de la misma ley expresa: “El asegurado tendrá derecho a designar un tercero como beneficiario sin necesidad del consentimiento de la empresa aseguradora, la cláusula beneficiaria podrá comprender la totalidad o parte de los derechos derivados del seguro”.

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