Adriana Oropeza Flores / Directora editorial, Revista Siniestro
La historia que nos relató la promotora Reyna Espinoza, quien radica en Tijuana, empezó con la asesoría de uno de sus agentes. Conforme pasó el tiempo, ella se involucró tanto que llegó a considerar como amiga cercana a la asegurada afectada, a quien llamaremos Alma por cuestiones de privacidad.
La clienta tenía una mala opinión de los seguros y no confiaba en ellos, a pesar de que contaba con uno, pues el intermediario que le vendió la protección ni le dio un buen asesoramiento ni le entregó la carátula de la póliza. Sin embargo, cuando Alma estaba convencida de cancelar ese contrato y olvidarse de los seguros, conoció a Reyna y su equipo, quienes le brindaron la asesoría que necesitaba, pues le explicaron que debía considerar la antigüedad de la protección y que podían apoyarla para que esa antigüedad no se perdiera, sino se respetara en una póliza contratada con ellos. La clienta aceptó justo a tiempo, ya que seis meses después fue diagnosticada de cáncer y pidió apoyo a la promotoría de Reyna para presentar la reclamación ante la aseguradora.
Una vez que juntaron todos los papeles, levantaron el siniestro y solicitaron la indemnización, lo inesperado pasó: la compañía rechazó el pago del evento por una cuestión de antigüedad. Para confirmar que Alma realmente había estado asegurada, se requería información de la póliza anterior, la cual no estaba en manos de la usuaria y no se podía conseguir, pues los únicos rastros de ella eran los talones de nómina que evidenciaban el descuento por el pago de la prima. Cabe recalcar que, antes del siniestro, la clienta ya había solicitado varias veces el documento, pero este nunca se pudo localizar. Por fortuna, después de mucho buscar y contactar personas por todos lados para ver quién los podía ayudar a conseguir la carátula, una conocida de la promotora la encontró.
Cinco meses más tarde, la aseguradora pagó alrededor de 820 mil pesos por la cobertura de enfermedades graves, pero Alma ya presentaba metástasis y había convencido a varios de sus amigos de que cancelaran las pólizas adquiridas en la promotoría. A pesar de esto, el trato y profesionalismo de Reyna no cambió. Un año después, cuando la enfermedad se complicó, la promotora sugirió solicitar un pago por invalidez. Aunque Alma encontró una fundación en Estados Unidos, que contribuyó a mejorar su salud, los gastos no pararon. Ella falleció en 2021, cuando sus hijos tenían 6 y 13 años, y la abuela materna de estos llamó a Reyna cuando se sintió lista para realizar el trámite de la indemnización, pues solo se había expedido el apoyo de gastos funerarios.
Nuestra entrevistada siempre estuvo atenta a las necesidades de la familia. Como la clienta se convirtió en una amiga querida, la promotora recordó varios momentos con ella durante la conversación. Aunque Reyna siempre trata de dar la mejor atención a todos sus clientes, desarrolló un compromiso especial con Alma, debido a que le había prometido respetar su antigüedad. Entre las misiones de vida que tiene esta mujer profesional, se encuentra la de llegar a los clientes antes de que los alcance la enfermedad, pues sabe que un buen asesor siempre ayuda en los peores momentos y que una póliza de seguro puede evitar muchísimos problemas financieros. Para finalizar, ella invita a las personas que están por asegurarse o siguen postergando la contratación de una póliza que lo hagan desde el amor y el corazón, no desde el miedo de lo que puede pasar.
