Adrián Palacios Ramírez / Coordinador, Revista Siniestro
En esta ocasión entrevistamos a Luis Alberto Blancas, promotor de seguros, quien compartió una experiencia que marcó su carrera profesional y le permitió comprender el impacto que tiene la protección financiera en la vida de las familias. Debido al fallecimiento de uno de sus agentes, conoció de cerca cómo una póliza de vida puede convertirse en un respaldo para los seres queridos cuando una persona ya no está.
Luis Alberto cuenta con seis años de experiencia en el sector asegurador, aunque su trayectoria profesional comenzó en el ámbito financiero, donde trabajó en bancos y casas de bolsa, principalmente en áreas comerciales y de asesoría en inversiones. Después de recibir dos invitaciones para incorporarse al sector asegurador, decidió emprender en una promotoría, atraído por las posibilidades de crecimiento y desarrollo de este modelo de negocio. Uno de los primeros asesores que se integró a su equipo tuvo una trayectoria exitosa y llegó a ocupar el primer lugar de la promotoría en 2020. Con el tiempo, el agente también decidió contratar su propio plan de retiro, el cual incluía una suma asegurada por fallecimiento. Esta decisión, que respondía a la cultura de protección que Luis Alberto busca transmitir a su equipo, terminó por convertirse en un respaldo para su familia.
En 2023, cuando tenía 42 años, el agente acudió a la oficina y después salió a una cita con un cliente. Luis Alberto recuerda que lo vio en buenas condiciones de salud y no imaginó que sería la última vez que convivirían con normalidad. Al día siguiente recibió la noticia de que había sido hospitalizado y se encontraba grave. El agente había sufrido un infarto al miocardio. Aunque los médicos lograron estabilizarlo después de que fuera intubado, falleció poco después. La noticia impactó profundamente al promotor, quien no había dimensionado lo vulnerable que puede ser una persona, incluso a una edad en la que aparentemente goza de buena salud. El agente era padre de dos adolescentes y se hacía cargo de su manutención y desarrollo. Su fallecimiento representó una pérdida irreparable para la familia, pero la póliza permitió brindarles un respaldo económico en un momento especialmente difícil.
El seguro contemplaba una suma asegurada de un millón 800 mil pesos, recurso que fue entregado al padre del agente para apoyar la educación, manutención y desarrollo de sus nietos. Para Luis Alberto, este fue el primer siniestro que pagaron en su grupo y una experiencia que le permitió comprender de manera directa el propósito de su profesión.
A partir de este acontecimiento, comenzó a compartir con mayor convicción la importancia de contar con un seguro, no con la intención de colocar una póliza, sino de generar conciencia sobre la necesidad de proteger a quienes dependen económicamente de una persona. La historia también dio lugar a una nueva etapa para la familia y la cartera de clientes del agente. Su hermano, quien ya tenía experiencia en el sector, se incorporó al equipo para administrar esa cartera y continuar con la actividad después de realizar las gestiones correspondientes para su transmisión.
Al compartir esta experiencia con otros agentes y promotores, Luis Alberto destaca que los líderes tienen la responsabilidad de fomentar una cultura de protección dentro de sus equipos. Considera importante que los asesores contraten sus propios planes, conozcan sus beneficios y puedan hablar de ellos desde su experiencia como usuarios.
Finalmente, señaló que la protección financiera debe formar parte de las prioridades de las familias y de quienes trabajan en el sector asegurador. Para Luis Alberto, este caso confirma que los imprevistos no distinguen edades y que contar con un seguro puede marcar una diferencia en el futuro de quienes dependen de nosotros.
