Raúl Carlón Campillo / Director general Tranquilidad y Proyección tranquilidadyproyeccion@gmail.com
En materia de seguros, el ocaso del siglo XX vio nacer productos que hoy no bastarían para cubrir los riesgos actuales. Afortunadamente, con apertura y criterio, el sector asegurador ha evolucionado en beneficio de todos. Los riesgos naturales agravados por el cambio climático se consideran catastróficos cuando afectan asentamientos humanos, pero hoy tenemos coberturas paramétricas. Los riesgos legales incluyen ahora coberturas cibernéticas desarrolladas a partir del avance implacable y veloz de una tecnología abismalmente distinta a la del siglo XX.
En los 80, las preferencias sexuales representaban una causa de rechazo de la solicitud de un seguro de vida para muchas personas. Asimismo, la longevidad de la población aumentaba, lo cual evidenciaba que en un futuro cercano sería imposible mantener el sistema de reparto de jubilaciones a cargo de las instituciones de seguridad social creadas a mediados del siglo XX, además de que no existían los planes personales de retiro (PPR).
La revolución social que significó la libertad sexual hizo posible legislar en beneficio de la comunidad LGBT para lograr su cobertura en seguros de vida. El aumento de la longevidad llevó al gobierno a migrar el modelo de pensiones a un sistema de cuentas individuales que hoy acumula el 25% del PIB nacional. Sin embargo, los jóvenes que no ahorren verán comprometida su vejez, pues estarán condenados a seguir trabajando para mantenerse, aunque desde 2002 existen los PPR para ese objetivo.
Sin duda, relevante es el papel que juegan los derechos y conquistas sociales cuando se confrontan con aspectos propios de la técnica del seguro. Hoy, ese mismo principio presiona las modificaciones en los seguros de salud y gastos médicos, cuyo costo ha escalado a niveles insostenibles en los últimos años. Los adultos mayores son el segmento más golpeado, pues, alarmantemente, tienden a quedarse sin cobertura. El aspecto técnico se convierte en el sustento de ajustes tarifarios, pero queda muy lejos de aquel que soporte los derechos a la salud concebidos en ordenamientos federales esgrimidos por personajes políticos ávidos de popularidad. Mucho ayudará construir un modelo de aseguramiento para la suscripción del gran segmento de adultos mayores, que en la mayoría de las aseguradoras no son aceptados porque superan los 64 años. De forma similar a lo que ocurre con los derechos de las personas de la comunidad LGBT, que hoy son asegurables, resulta imperativo garantizar la cobertura médica de los mayores de 64 años, sin que su estado de salud sea un impedimento para ello.
¿Qué ocurrirá con el seguro de gastos médicos mayores en esta legislatura?
Lo que resulte de los cabildeos y mesas de trabajo que se han desahogado deberá modificar el modelo de atención a la salud que tenemos hoy. El sector asegurador tiene uno de sus más importantes retos en esta materia. Esperamos conocer los resultados.
