Dra. Socorro Morales / Dir. Médica Administrativa y de Siniestros de Dictamed, Nocrala Selarom dra.m.s.morales@gmail.com
Sonó la alarma a las 6:15 de la mañana. Helena se levantó de la cama y se dirigió al baño para darse una ducha. Mientras se lavaba el cabello con su shampoo favorito, de aroma a manzana, percibió un ligero dolor en la parte baja del abdomen, exactamente del lado derecho. No le dio la menor importancia. Luego se dispuso a desayunar: preparó unos huevos revueltos con jamón, un pan tostado con mermelada de fresa y una taza de café americano, que tomaba sin azúcar. Al dar el primer bocado, sintió nuevamente el mismo dolor punzante, el cual la hizo soltar un pequeño quejido. Decidió no terminar el desayuno y salir rumbo al trabajo. Helena llegó de buen humor a la oficina, como siempre, saludando con un “buenos días” a sus compañeros. A la una de la tarde, después de dos juntas de trabajo que, para variar, no ofrecieron ninguna solución a los temas pro- puestos, volvió a sentir ese dolor punzante en el lado derecho del abdomen, ahora más intenso. Esta vez, el dolor la hizo encorvarse. Su frente brillaba por el sudor y su mano derecha presionaba con fuerza la pluma que sostenía. Cuando el dolor disminuyó un poco, llamó por teléfono a su hermano Mario para avisarle que iría al hospital. Le pidió que la alcanzara allí, pues se presentaría en Urgencias y allí le solicitarían un familiar responsable que proporcionara los datos de la póliza de gastos médicos mayores. También le pidió que pasara a su casa por la tarjeta de crédito, ya que esta sería necesaria para liquidar el depósito que —según le había comentado su agente de seguros— le solicitarían en caso de ser internada.
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