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ENVEJECIMIENTO EN MÉXICO

Hiram Beltrán Sánchez / Profesor, Universidad de California en Los Ángeles (UCLA)

Uno de los principales indicadores del nivel de envejecimiento de una población es la relación entre la cantidad de adultos de 60 años o más y el número de menores de 15 años, la cual se conoce como índice de envejecimiento. Este indicador expresa una razón simple: el numerador depende, en gran medida, de la mortalidad —por ejemplo, la probabilidad de sobrevivir hasta los 60 años—, la fecundidad —el número de nacimientos en décadas pasadas— y la migración; el denominador depende sobre todo de la fecundidad y de la mortalidad infantil. En los países latinoamericanos, incluyendo México, la rápida disminución de la fecundidad en las décadas de 1970 y 1980 ha reducido de manera drástica el denominador del índice, a pesar de que el numerador de este ha crecido por el descenso de la mortalidad infantil y adulta.

La gráfica presenta los datos de México desde 1950 y las proyecciones de su población para el siglo XXI. En ella se observa la proporción de la población de 60 años o más (numerador) y la de menores de 15 años (denominador), así como el índice de envejecimiento correspondiente a cada año (en color azul). La gráfica ilustra con claridad la rápida disminución de la población menor a 15 años, que ha provocado un aumento continuo en el índice. Se espera que, para 2042, México tenga más de un adulto mayor por cada menor de 15 años. La velocidad con la que este indicador se incrementa se denomina envejecimiento acelerado. Como se observa en la gráfica, México experimenta este proceso de forma drástica: entre 2024 y 2054, el país pasará de tener alrededor de dos menores de 15 años por cada adulto mayor a contar con dos adultos mayores por cada menor de 15 años. Contrario a la creencia popular, este fenómeno se debe, en primer lugar, a la rápida caída de la fecundidad en décadas pasadas —que redujo el denominador— y, en menor medida, al descenso de la mortalidad en edades adultas (ver gráfica). El incremento de la población adul- ta mayor exigirá transformaciones en diversas áreas, principalmente ajustes en el sistema de salud. A continuación, menciono brevemente dos retos estructurales:

1. Número reducido de instituciones educativas con la especialidad en Geriatría. Esto limita la cantidad de médicos especialistas en el cuidado del adulto mayor. De acuerdo con el Consejo Mexicano de Geriatría, solo 17 estados imparten esta especialidad en un total de 56 sedes. Por desgracia, casi la mitad de estos programas se concentran en tres entidades: Ciudad de México (18.5 %), Jalisco (13 %) y Nuevo León (13 %). Además, debido a la escasez de programas, el número de especialistas también es limitado. Según el Consejo (ver https:/rebrand.ly/CMG-medicoscertificados), existen alrededor de 1600 médicos con certificación vigente en el país. Para poner esta cifra en contexto: el Consejo Mexicano de Certificación en Pediatría reporta más de 27 mil médicos certificados (ver https:/rebrand.ly/ Conacem-medicosespecialistas). Es decir, hay cerca de 17 pediatras por cada geriatra, a pesar de que en el censo de 2020 se registró un 50 % más de adultos mayores (60 años o más) que de niños menores de 5 años (ver https:/rebrand.ly/poblacionmx-1990-a-2020). Esto indica una clara deficiencia en la formación de personal médico y representa un área donde el Gobierno federal debe incrementar el apoyo a las instituciones para ampliar su matrícula. 2. Falta de un sistema estructurado y profesionalizado dedicado al cuidado del adulto mayor. A finales de la década de 1940 se crearon las primeras guarderías del IMSS para el cuidado infantil, cuya expansión ocurrió en los años setenta. Estas permitieron consolidar un sistema estructurado que poco a poco fue dotado de personal capacitado, especializado y profesional. Sin embargo, no ha habido hasta ahora un programa similar de estancias o centros de día para el adulto mayor, a pesar del crecimiento constante de este grupo poblacional. Aunque existen instituciones dedicadas a su atención, estas no están reguladas ni cuentan con sistemas estandarizados de cuidado. Aún hay tiempo de ajustar las políticas públicas y de salud para enfrentar los desafíos relacionados con los adultos mayores en México.

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