El diálogo que te construye… o te limita
Lili López / IG: lilylopez.mentaltrainer
¿Cómo te hablas? ¿Alguna vez has puesto atención a esa conversación que tienes contigo durante todo el día? Ese diálogo silencioso, que nadie escucha, influye profundamente en tus decisiones, tu ánimo y tu comportamiento. A esa conversación la llamamos diálogo interno. Aunque rara vez la hacemos de manera consciente, moldea nuestra vida en cada momento.
El diálogo interno es esa voz o ese flujo de pensamientos que aparece sin pedir permiso: te aconseja, te critica, te empuja o te detiene. Proviene de tu historia personal, de tus creencias, de tu cultura, de tus experiencias pasadas e incluso de tus carencias emocionales y distorsiones cognitivas. La mayoría del tiempo es automático. Y lo automático no siempre es inteligente.
No eres tus pensamientos
Solemos confundir lo que pensamos con la realidad, pero el pensamiento no es la realidad, sino una interpretación, un filtro y una historia que nuestra mente cuenta desde lo que conoce.
Hace poco escuché a un reconocido speaker decir: “Las personas somos lo que pensamos”. Aprecio su intención, pero no coincido del todo con él. Tus pensamientos son parte de ti, pero tú eres más que ellos: eres un ser consciente capaz de observarlos, cuestionarlos y entrenarlos. Tu cerebro piensa. Tú decides qué hacer con esos pensamientos. Ahí comienza el poder real.
El primer paso: darte cuenta de cómo te hablas
Antes de intervenir tu diálogo interno, necesitas observarlo: ¿qué tono tiene?, ¿en qué persona te habla —primera, segunda o tercera—?, ¿suena amable, burlón, exigente, dramático o despreciativo?, ¿te habla de “tú”, de “usted” o por tu nombre?, y ¿cuándo aparece y en qué situaciones? A veces esa voz suena tan convincente que la confundimos con hechos.
La premisa que cambia todo
Para entrenar tu mente, debes aceptar: “Mi diálogo interno no es necesariamente la realidad, sino la realidad que estoy percibiendo en este momento”. Aceptar esto te da libertad, flexibiliza tu pensamiento, te permite crear nuevas interpretaciones y te devuelve el control.
Un ejercicio poderoso para transformar tu diálogo interno
1. Detecta la voz que no te ayuda, nota cómo te habla y revisa su tono. Pon atención cuando por tu mente pasen ideas como “no sirves para esto, déjalo, no naciste para esto”.
2. Ponle un nombre. Al llamarla, por ejemplo, el Boicoteador, la Crítica, el Saboteador o la Voz del Miedo separarás la voz de tu identidad. Esto es importante para que entiendas que no eres tú, sino un programa aprendido.
3. Quítale fuerza. Imagínala como una caricatura pequeña y ridícula, que tiene un volumen muy bajo. Mientras más absurda la imagines, menos impacto tendrá.
4. Crea dos voces poderosas.
Estas deben hablarte en tercera persona, llamarte por tu nombre y darte recursos y dirección, no miedo, mediante frases como “[tu nombre], tú puedes. Ya has logrado cosas grandes antes. Levántate y muéstrate de qué estás hecho(a).” 5. Ponles nombre. Por ejemplo, la Poderosa, la Sabia, la Imparable, la Entrenadora o la Campeona.
6. Haz que las voces de poder lideren. Visualiza las voces útiles creciendo y la voz del boicot hacién- dose pequeña y casi irrelevante.
7. Cada vez que la voz negativa aparezca, activa las voces poderosas. Esto crea nuevos patrones neuronales que sustituyen a los anteriores.
Conclusiones
• Puedes entrenar tu diálogo interno.
• No estás a merced de tus pensamientos.
• No eres un espectador pasivo de tu mente.
• Tú decides cómo hablarte.
• Tú decides qué voz guiará tus acciones.
• Tú decides qué historia vivir. Quizás uno de los regalos más grandes de la vida es poder elegir qué pensar.
