Benjamín Chong-Castillo / benjamincc@anaseguros.com.mx
La vida de una persona es invaluable desde la perspectiva humanista; sin embargo, cuando se trata de indemnizaciones con motivo de la responsabilidad civil generada por la ocurrencia de la muerte de una persona, es necesario determinar el valor de los daños causados a los beneficiarios del fallecido. El problema es que la cuantificación de la reparación del daño por el fallecimiento ocasionado no está estandarizada y, por el contrario, la legislación mexicana establece diversos montos para ella.
Así pues, la cantidad de dinero que le corresponde pagar al responsable –y, en su caso, solidariamente a la compañía aseguradora– por ocasionar la muerte de una persona depende principalmente de dos factores: la territorialidad y el utilitarismo.
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